Evidencias
Se trata de tu piel
y de mi tacto.
Los veo confidentes,
casi a diario.
Cuando aquella
se estremece
a las caricias,
el otro
va reptando
sus espacios.
Y se encuentran
-como ciego
palpando su sendero-
como río revuelto,
en cada espasmo.
Así buscamos
esa lejana cercanía
del abrazo,
volviendo a confundirnos
sin lograrlo.
Sabiéndote mía,
abarcada
en ambas manos.
Sabiéndome tuyo,
en implícito pecado.
Por eso no me quejo.
Pues te anhelo
inmensa en mi regazo,
recobrando cegueras
y contagios.
Evidencias por igual
… y poder contarlo.
Ernesto Luis Lenardón-

