Asilo
Durante las siestas
muchas veces los dioses se ponen pálidos
de tantas abstracciones
se montan a sus corceles perpetuos
y gastan los umbrales de la lluvia
lavan la profundidad de las piedras
con el hambre de los vientres
guarecidos entre trozos
pequeños o grandes
de lo que resta
tras el eco de un dial que llora
el pensamiento correspondido
el amor inextinguible
la casa de la moneda
la falta de ánimo
que castiga junto a la lluvia
ese teatro
encerrado en el vital lenguaje
de un alma prisionera en su abandono
encallada sobre el lomo fresco del desorden
hasta zigzaguear el agua con los dedos
en la mitad de un cántaro
donde el pez le gana la carrera a las sombras
y todo es un canturreo amarrado a los estribos
gritando lealtad tras los blindados
donde cada dios es un fantasma
con lágrimas divinas
descorazonando el vuelo del ibis
para marcar con tizones la fragilidad en las paredes.
Susana Roberts-

