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Diminutas soledades
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Tenía razón, el ciego. En la neblina amarillenta de la vigilia, las imágenes de los sueños y de la memoria son imprescindibles para ordenar abecedarios. En la penumbra, lo siniestro viene a suplir las ideologías, la discusión, el compromiso. Es comprensible que la gente prefiera asustar la mente y no abrirla a tanto inconveniente. Aunque iluminar no es malo, puede resultar peligroso. La luz, que puede ser tubo fluorescente, puede mostrar el diario del día, por ejemplo. Un maestro asesinado, leerás. Y ahí te quiero ver. Tenía razón el ciego. La penumbra amarillenta, la ceguera, son buenas excusas para escapar.
M.S. Guerrero Dewey-
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