Crónica Literaria
 
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 Diario Crónica de Comodoro Rivadavia
 

24 de septiembre de 2008

Lo inalcanzable

Este ensayo de Luis Gruss quizás no trate de "lo inalcanzable", como su título anticipa sino más bien de dos ilusiones: el amor y la literatura. Los protagonistas del ensayo son tres escritores: Franz Kafka, Cesare Pavese y Fernando Pessoa. Los tres vivieron en un apasionado amor por la literatura que tomó forma en poemas, cuentos, novelas, cartas y diarios. Los tres, también, vivieron vínculos eróticos intensos y no del todo felices. El ensayo de Gruss da vueltas alrededor del vínculo entre esas dos ilusiones.
Tres obras literarias semejantes no se realizan sin pasión y persistencia. "No es que yo tenga una inclinación hacia lo literario: yo soy la literatura. Una inclinación se puede arrancar o reprimir. Pero esto soy yo mismo" (p. 28), dijo Kafka. Pessoa se manifestó siempre a favor de los libros y, sobre todo, de los sueños, ante los cuales la vida se le hacía decepcionante. En Libro del desasosiego (de su heterónimo bernardo Soares), parece decir "renuncia, no viajes, no desees, no toques, no ames, pero nunca dejes de soñar y admirar el gran espectáculo del mundo" (41). Pavese se describió diciendo "Soy el que no vive más que entre los libros" (45)
Torturado por la repugnancia y la obscenidad, que le parecían inseparables del sexo, y por una anticonyugalidad manifiesta, Kafka se relacionó con varias mujeres, a algunas de las cuales les dedicó sus obras y las hizo protagonistas de innumerables cartas y diarios íntimos. Una de ellas, Milena Jansenska, escribió su obituario, que es, en palabras de Gruss, "el texto más hermoso y conmovedor que se haya escrito jamás sobre la vida y la obra del autor" (p. 30).
En complicado (des) equilibrio, Pessoa oscilaba entre considerarse un heterosexual tímido (aunque con raptos de erotismo morboso y algo sádico), un "homosexual platónico" y un onanista que besa su rostro en el espejo y en sus delirios se convierte en su propia esposa (y reina). Se le conoció un solo amor: Ofelia Queirós, con la que nunca parece haber concretado una unión sexual y a quien terminó por eludir con una amabilidad extrema: "Si yo me tuviera que casar no podría sino casarme con usted, Ofelinha". Como Kafka, la sola idea del matrimonio y la familia le producía horror: "Si tocas tu sueño morirá y el objeto acariciado ocupará la sensación", asegura (93).
Tampoco se casó Pavese, aunque se enamoró muchas veces y sus poemas exhiben las torturas de esos amores que se deslizaban rápido de la adoración al desprecio. Uno de esos amores le costó el destierro; otro (o todos) contribuyeron a su suicidio. El poeta, que se queja muchas veces de su impotencia sexual (eyaculación precoz), dijo en su diario publicado como El oficio de vivir: "Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela en nuestra desnudez, en nuestro desamparo, en la nada" (51). Allí reconoce "Estás solo y lo sabes. Naciste para vivir bajo las alas de otro, sostenido y justificado por otro, el cual, empero, ha de ser tan amable que no te deje hacerte el loco e ilusionarte con que te bastas tú solo para rehacer el mundo. Ya no encuentras a nadie que aguante tanto" (227). Sus últimos escritos no lo reconcilian con ese desencuentro y lo femenino, deseado y temido a la vez, toma la forma de la Muerte que es parte de la potencia sagrada que los mitos atribuyen a la Madre y a la Tierra, como puede leerse en Diálogos con Leucó.
La literatura también ilusiona: ¿quién podría realizarse por completo en una obra literaria?, se pregunta Gruss, quien cree que escribir requiere "un pacto con lo imposible, con lo inacabado" (253). ¿Los esfuerzos por mantener la "ilusión literaria" impiden mantener la del amor? "El ser amado –eterno extranjero- podrá ser en la medida que conserve un lugar de proximidad y lejanía al mismo tiempo. El amor alcanzable se alimenta de su condición inalcanzable" (219), propone Gruss. El amor (la mujer) es inalcanzable para estos escritores para quienes –según el autor del libro- la única esposa era la literatura. "La escritura es más pobre paro más clara que la vida", ha dicho Kafka. "Brindo a lo inalcanzable un pedestal eterno", agregaría Pessoa.
¿¿¿Amor y literatura no deben tocarse? Así lo dice Dafne Pidemunt en un hermoso poema. Luis Gruss, aquí más filósofo que periodista, sólo responde para volver a preguntar.

 

 
 
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